martes, 19 de enero de 2021

Incluso si tú llamaras 2 años después a las 3 am yo respondería

Cuando te conocí, era una persona queriendo amar pero que no sabía hacerlo. Solo quería huir, que alguien me rescatara de mi vida, de mí, que me enseñara a ser por fin feliz. Y me dejé coger entre tus brazos, y lo que debería haber sido refugio lo convertí en dolor. Porque todavía no sabía quien era, porque solo quería que alguien me quisiera, poder decir "aunque en casa no he visto el amor, ahora sé que existe", "aunque hasta ahora pensaba que no, hay algo bueno en mí". Y empeñada en la perfección, en el fin que justifica los medios, lo rompí todo.
Una vez te dije que el amor que había conocido estando a tu lado había superado lo que yo esperaba de la vida, lo que no sabía ese día y ahora sí, es que el amor que iba a conocer con tu ausencia era mucho mayor. Porque parece absurdo, pero nunca he estado tan enamorada de nadie como lo he estado de tu recuerdo. De lo que pudo ser y no fue. 
Ha pasado el tiempo, y me he convertido en una persona que no quiere amar, pero que sabe hacerlo. Y lo sé gracias a ti, porque el rastro de amor que dejaste en mí me hizo entender muchas cosas. He conocido a muchísimas personas, he querido y amado a algunas de ellas, y el amor a lo que fuimos no ha desaparecido nunca. 
Y ahora entiendo que el amor no era nada de aquello que pensábamos, o al menos era una milésima parte de lo que es. El amor no era nosotros mirándonos horas porque las palabras no eran suficientes, el amor no era la urgencia de vernos ni la prisa por besarnos. El amor no fue compartirnos, ni vernos dormir y despertar día tras día. 
El amor fui yo dejándote ir porque no sabia cuidarte. El amor eres tú preocupándote por mí cuando murió mi abuelo. El amor soy yo viéndote con otra persona y sonriendo porque pareces feliz. El amor eres tú abrazándome como si no hubiera pasado el tiempo. El amor soy yo graduándome, consiguiendo cada meta, y mirando el hueco que dejaste en todos esos momentos y en mí.
Y ahora solo puedo pensar en cuántas cosas nos hemos perdido, en todo lo que nos prometimos la última vez. Me hubiera gustado conocerte ahora siendo quienes somos, porque te mereces a la persona que soy y no a la que fui, y haber entendido esto también es amor.
Pero a pesar de todo me siento agradecida, porque viste lo peor de mí y te quedaste, porque me amaste cuando todavía no había aprendido a hacerlo yo.
Y hoy ya no te pediría que fueras mi refugio, tampoco que me demostraras que existe el amor y que hay algo bueno en mí. Porque ahora sé que el amor existe, de mil formas e intensidades, que viene y va, que se transforma, que no se acaba. Porque hoy ya sé todo lo bueno que hay en mí: yo lo construí. Y mi refugio lo creé desde dentro, convirtiéndome en la persona que soy hoy, en la persona que ojalá hubiera sido la que se cruzara con tu mirada aquella noche, y hubiera hecho que mereciera la pena vivir lo que hoy es un recuerdo.


jueves, 23 de abril de 2020

Indomable


Llevo tatuado en mi brazo derecho la frase “todo o nada”. Me lo hice hace 5 años, con 19, creyendo y defendiendo firmemente que lo único válido era entregarse al 100 o directamente no intentarlo, aplicable a mi misma y por supuesto al resto. No me merecía menos que todo, no debían darme menos que todo. Y ahora no puedo más que pensar en lo equivocada que estaba.

Y me he dado cuenta sustituyendo las dos palabras por dos que me gustan mucho más: “aceptar” y “libertad”. Con el tiempo, y con el aprendizaje, le he dado un valor inmenso a la libertad, a la importancia de tener la capacidad de decidir, de elegir, de tomar un camino u otro, de arriesgarte o no, de irte o quedarte, mañana o dentro de un mes. Pero no solo está mi libertad, también la de los demás, y quizás este punto es el que más tiempo me costó aprender. Igual que me quiero libre, quiero libre al resto. Valoro la libertad de cada una de las personas que se cruzan conmigo, y en consecuencia, acepto. Acepto todo aquello que no está en mi mano cambiar, que no puedo decidir, que es consecuencia de otra libertad. Lo acepto y decido no cambiarlo, no maldecir mi suerte ni a la vida. Elijo quedarme al lado de aquellos que con su libertad me hacen feliz, y simplemente no continuar con quien, aun aceptándole, no siento que quepa en mí.

Gracias a esto aprendí que existen miles de formas de querer, tantas como personas que pueden sentirlo. Y la libertad también reside en querer a tu manera. Aprendí a aceptar el amor que me daban como único, y a no juzgarlo desde la mirada de lo que yo creía que debía ser el amor. Porque la vida no es lo que creemos que es, la vida simplemente es. Y está llena de cosas desconocidas, cosas ajenas a nuestra libertad, que no tienen por qué encajar con lo que esperamos, y aún así, están bien. Tu padre no te escucha como tu escucharías a tu hijo si lo tuvieras, pero te quiere, y está bien. Tu madre no entiende tus ideales como te gustaría: porque son tuyos, pero te quiere, y está bien. Tus amigos no hacen por ti algo que tú harías sin pensar por ellos: pero ellos no son tú, y siendo ellos te quieren, y está bien. Tu novio no te dice “te quiero” las 14 veces al día que se lo dices tú a él: pero te prepara la cena cuando llegas cansada a casa, y así él te quiere, y está bien.

He estado prácticamente mi vida entera cuestionándome quien era de verdad. Si estaba en lo cierto esos días que creía conocerme totalmente y saber como vivir, o si mi verdadero yo era el caos, ese en el que no conseguía que nada tuviera forma y simplemente avanzaba con pasos torpes. Preguntándome cuando llegaría ese momento de mi vida en el que sería quien siempre he querido ser, y entendería por fin todo. Y ahora me doy cuenta de que yo ya existo, yo ya soy. Llevo 24 años siendo. Siendo libre, decidiendo, cambiando una y otra vez ante cada una de las cosas que iban pasando a mi alrededor. Y está bien. Porque soy las dos partes, porque es normal a veces saber que camino elegir y otras hacer de tu ruta un caos. Porque dudar es humano, pero aprender también. La vida no es lo que yo creía que era: la vida simplemente es. Y estando en ella yo soy todo lo que siempre he querido ser: alguien libre, que decide, que acepta, se acepta y se quiere. Y está bien.

domingo, 8 de abril de 2018

todo

No sé cuantas veces pasas por aquí, si verás esto dentro de quince minutos o más bien dentro de unos días, pero para cuando eso pase aquí estará esperándote, hablándote a ti y de ti.
No puedes hacerte una idea de las veces al día que me paro y pienso en todo lo que siento contigo, y entonces quiero venir corriendo aquí y escribirtelo todo, o decírtelo todo, o besarte sin parar. De las veces al día que me quedo mirandote mientras haces cualquier tontería, mientras duermes, y solo puedo pensar en cuanta suerte he tenido. Suerte al encontrarte, al enamorarme de todo lo que eres, al compartir mi tiempo contigo. Suerte de tener alguien que escucha las cosas que nunca antes nadie quiso saber de mí, que entiende todas las rarezas que he creado en mi vida y que los demás ignoraron. Alguien con quien sentirme siempre en casa, estemos donde estemos, riendo y queriéndonos como tú y yo sabemos hacerlo.
A veces me sorprende como puedes dudar solo una milésima de que no te quiera así, o de que no me hagas lo suficientemente feliz. Si es que me despierto y veo que te tengo al lado y no hay palabras para explicar lo perfecto que parece todo entonces, la felicidad tan grande que creas en mí. Durante mucho tiempo he pasado por la vida de largo, dejando que los días corrieran sin más, porque solo quería llegar al final y todo esto me daba igual. Pero ahora que estás tú, disfruto cada día, y me da igual todo lo largo que se me haga el camino hasta allí si vas a estar acompañándome. 
Porque estoy enamorada de la idea de compartirlo todo contigo, sea lo que sea. De vivir en la mejor casa del mundo o en una habitación, pero solo si es contigo, solo tú y yo. No quiero pasados, ni futuros, ni sueños ni promesas, quiero amarte hasta el final, quiero darte todo de mí, todo lo que tengo, todo lo que soy hoy. Quiero verte sonreir cada día, sentir que te hago un poco más feliz, que juntos somos más de lo que fuimos antes de encontrarnos. Y lo quiero aquí. Lo quiero ahora. Porque aquí y ahora, lo somos todo.

viernes, 23 de febrero de 2018

Contigo



Yo no buscaba nada. Más bien huía. No quería darle importancia a nadie. No quería dejar que nadie supiera quien soy, quien realmente soy. No me apetecía nada de eso que todo el mundo busca, solo quería pasar por mi camino en silencio, y que no me encontrara el amor.

Y un día apareciste tú, como si nada. Y no le dimos importancia, aunque ahora sé que la tuvo. Apareció alguien con los mismos miedos que yo, alguien que callaba lo mismo, que huía de las mismas cosas que huía yo. Quizás fue eso lo que nos llevó en la misma dirección. Lo que hizo que retrocediéramos un paso por cada dos que avanzábamos, pero que siguiéramos hacia delante. Quizás por parecernos tanto. Porque recorriendo el camino que creíamos nos alejaba de lo que no queríamos, conseguimos todo lo contrario. Porque no es lo mismo huir solo, que huir en compañía. Porque acabó dándome igual a donde estuviéramos yendo, si estaba yendo contigo.

Y es que después de tanto que intenté que no pasara, del miedo que me daba acostumbrarme a ti.. y ahora ni recuerdo el motivo por el que no quería quererte. Porque contigo no encuentro nada malo. Todo lo que me asustaba, lo que no quería en mi vida nunca más, ya no está. Lo que me hizo negarme tantas veces a sentir, esas cosas que una vez dolieron tanto y que no quería repetir.. y contigo ni aparecen, ni siquiera caben entre tú y yo.

No sé como lo haces, pero contigo solo tengo lo bueno. Me haces sentir tranquila. Me calmas cuando yo no sé. Me haces reír. Me haces sentir cuidada e importante. Y por encima de todo, me haces feliz, con lo necesario que es eso para mí. Pase lo que pase, en los momentos más duros que he tenido que pasar, apareces con tu sonrisa y con esos dos besos que siempre se convierten en doscientos, y la vida parece un poco mejor.

Y la verdad es que no me importa si eres mi amigo, mi novio, mi marido, mi amor, o si eres todas ellas. Porque esto no tiene que ver con cómo te llame. No tiene que ver con que seas más o menos mío. Lo que realmente me importa es que eres tú, y que estás aquí. Que alguien como tú, con todo lo que eres, con todo lo que significa eso para mí, está a mi lado. Compartiendo todo esto. Aquí y ahora. Y todo lo demás pasa a un segundo lugar.

Porque yo no buscaba nada. Más bien huía. Pero apareciste tú. Y ya no quiero que te vayas.


sábado, 13 de enero de 2018

Aquí y ahora



Hace unas semanas volví a escribir después de mucho tiempo. Escribí algo que a veces tiene sentido y a veces no, algo que no publiqué, que solo compartí con algunas personas. 

Antes de leerlo preguntaste si iba sobre ti, y tengo que reconocer que en el fondo me dio pena tener que decirte que no. Que lo primero que hayas leído de mí haya sido tan absurdo, que no haya sido por y para ti. La verdad es que sí había pensado en escribir algo antes de ese día, y lo he seguido pensando hasta hoy, pero tenía miedo de dar demasiados rodeos, de ir cambiando de opinión mientras lo escribía, como suele pasarme cuando intento explicarte por que tengo tan claro todo lo que me hace dudar.

Tienes muchas cosas en ti que me gustan, y eso es todo lo bueno y todo lo malo que tengo que decirte. Bueno porque me siento yo misma, porque puedo irme una y otra vez, pero siempre quiero volver. Y malo porque tal vez si vuelvo siempre a donde estés, un día me olvide de como irme, y ya sé de sobra lo que pasa cuando encuentras un sitio del que no quieres salir. 

Ni yo misma sé que espero, ni lo que me asusta realmente. Hay días que me iría al fin del mundo contigo, y días en los que soy incapaz de creerme nada de ti. Y no es tu culpa, probablemente ni siquiera sea mía.

No puedo quejarme de nada de lo que haces, de lo que dices, de lo que hemos pasado. Me das tranquilidad, comodidad. Simplemente estás y cuando eso pasa siempre va todo bien. Y cuando no estás, no pasa nada. La vida sigue, sin más. Y cuando vuelves me siento feliz, disfruto cada minuto que paso contigo. Y supongo que eso es todo lo que he necesitado durante mucho tiempo. Alguien que no sea mi vida entera, pero que los días que esté en ella me haga sentir en calma, feliz. Sin presión. Sin malos ratos. Sin dolor.

Y ahora es cuando tu me dices que esto es exactamente lo que tu me llevas diciendo todos estos meses. Que deje de pensar. Que haga lo que me apetezca. Y lo hago. Pero contigo no soy todo lo fría que normalmente soy (aunque tu creas que si), y eso no me deja ser lo indiferente que alomejor debería ser. Alomejor es como debería actuar. Pasar una tarde contigo, estar a gusto, y después irme a casa y seguir con mi vida sin pensar más en ti. Pero no es la verdad, y eso es lo que realmente a veces me asusta. Porque cada cuatro besos tengo que sonreír. Porque puedo abrazarte más de diez segundos sin cansarme. Porque te dejo en casa y me voy pensando en ti. Porque a veces estoy haciendo cualquier cosa y tengo ganas de verte porque sí. Porque te nombro más de lo que me gustaría. Por esto y otras cosas a veces quiero irme y no verte nunca más. Porque me implico más de lo que quizás debería, más de lo que tu esperas. Porque entendí hace tiempo que cuando alguien empieza a importarte ya puede dolerte, y yo me cansé de que la gente tuviera la capacidad de hacerme daño. 

Supongo que no puedo explicártelo mejor. Por un lado está lo que creo que quiero o que debería hacer, y por otro lo que puede que esté pasando. Y quizás ese sea el motivo por el que, aunque no lo notes, estoy continuamente yéndome. Y a pesar de todo esto que te he contado, de las tres mil dudas, miedos, ganas de marcharme o de que nada me importe, o alomejor precisamente por todo esto, siempre acabo volviendo.


sábado, 11 de noviembre de 2017

Si eres tú quien pide que le escriba no me puedo negar

Hace unos días alguien me preguntó si conocía a alguien especial, alguien diferente, que no pudiera reemplazar. Es cierto que considero a muchas personas especiales, imprescindibles en mi vida, pero pensé en la palabra especial, en todo lo que conlleva, y solo te imaginé a ti.
Hace tiempo que me di cuenta que no existe otra persona como tú, tienes todo eso que siempre sentí que tenía yo y que no podía explicar, me reconozco en ti, y en esa conexión encuentro todo el amor que tengo y que siempre tendré para darte.
No es que seas especial para mí, eres especial tú, solo existiendo. Brillas, iluminas, por donde quiera que pases, lo que quiera que toques. Tienes ese algo que no se encuentra dos veces, y no voy a permitir que lo pierdas nunca, porque haces el mundo mejor, porque alegras la vida,  inundas de amor.
A veces me enfado, porque me cuesta entender como alguien tan increible como tú puede permitir que cosas tan absurdas o personas tan pequeñas a tú lado consigan hacerte diminuto, pero es que así eres tú. Tú quieres entenderlo todo, comprenderlo todo, arreglarlo todo. Quieres cambiar el mundo, y calmar el dolor, y yo te acompaño porque creo en ti. 
Y tú.. tú crees en el destino, crees en el amor, en los sentimientos, en la magia, y a veces, cuando yo he perdido la fe en todo, me haces dudar. Porque para mí la magia eres tú, que existas, tenerte, caminar de tu mano, crecer contigo.
Me encargaré de que no cambies nunca, de que no pierdas toda la belleza que hay en ti, en tu manera de ser y de hacer las cosas, y no me cansaré nunca de que me enseñes todos esos lugares donde yo creía que no, pero tú sabes que sigue creciendo el amor. Aunque tu te empeñes en que nos trajo hasta aquí el destino, y yo siga pensando que fue casualidad.

martes, 18 de julio de 2017

Come back, I still need... me.

De repente un día te das cuenta de lo engañada que has estado. De cuanto te has mentido. De la cantidad de cosas que escondías debajo de la almohada, que no reconocías seguir guardando en ti. Es imposible decir adiós si en el fondo estás preparada para una bienvenida. Por mucho que lo grites, que jures que nunca más. Porque aunque me dedicara a asegurar que no quería esto en mi vida ni un minuto más, cada distanciamiento tenía como último objetivo que todo aquello volviera. Cada vez que daba un paso alejándome de aquella vida, una pequeña parte de mí miraba hacia detrás esperando una reacción, una reacción que nunca iba a llegar. 
Me he pasado los días buscando un nuevo camino, una nueva forma de seguir, y lo he hecho sujetando el peso de todo aquello de lo que justo quería liberarme. Hasta que un día pasa, y consigues ver todo aquello que traes contigo, una gran caja en la que todo esta roto, en la que las cosas vacías pesan aún más. Han pasado los meses, las personas. Algunas se han sentado a mi lado a ver como intentaba pegar los trozos inútilmente, otros han intentado enseñarme como deshacerme de ellos, y otros simplemente han tenido la paciencia de esperar al otro lado de la puerta, de observar como día a día me levantaba y cargaba mi gran caja de momentos rotos de un lado para otro, con la esperanza de que algún día los perdiera en el camino y mis manos quedarán por fin libres para sostenerlas, para curar las heridas que el peso de veintinueve millones cuatrocientos sesenta y dos mil cuatrocientos segundos de dolor pueden generar.
Y después de tantos motivos que tuve para comenzar, de los que ninguno resultó ser suficiente, hoy me he despertado y no he podido verlo más claro. Desperté y allí estaba, a mi lado. Todas las piezas rotas, todo el dolor. Y me pregunté por qué había querido recuperar algo de aquello durante todo este tiempo, busqué entre todos los trozos un solo motivo para quedarme, para quererte, y no lo encontré. 
Después de todas las oportunidades que he tenido, de todas las cosas bonitas que me han dado para reemplazar todo este dolor. De las veces que me han pedido que dejara caer todo este peso que llevo conmigo desde el día que decidí luchar por una causa perdida sabiendo que lo era.. y al final he sido yo la única que podía enseñarme toda esta realidad. Lo que de verdad quiero, lo que de verdad necesito, lo que merezco. 
El problema no era el camino, el problema era empeñarme en llevar conmigo historias de caminos pasados queriendo hacerlas futuro, cuando el futuro era algo mucho mejor. Y me he mirado al espejo, he soltado las pocas lágrimas que quedaban de esta historia, y cada pedazo de dolor ha dejado de pesar en mí, ha desaparecido.
Y después de todo no se está tan mal.
Y adiós.


sábado, 15 de abril de 2017

La mitad de lo que hemos vivido


Hay conexiones que no se pueden explicar. Que existen, que simplemente están. Si alguien me preguntara el por qué no sabría cual de todas las respuestas posibles darle, porque es tan obvio, tan simple. Las piezas encajan, se complementan y se completan.
Hay personas que son lugar, son camino y son destino, son cualquier medida de tiempo, cualquier momento. Son salvación, calma, consuelo. Por eso si me preguntan dónde , diré que Laura, si me preguntan cómo diré Noelia, y para el cuándo la respuesta no podrá ser otra que para siempre. 
En vosotras encuentro tranquilidad, felicidad, sinceridad, comodidad. Un amor tan real e incondicional que nunca me hace dudar. El apoyo al que siempre puedo recurrir, los brazos que siempre tienen hueco para acogerme, las manos que nunca dejarán de sostenerme.
Y es tan bonito sentirse así con alguien, poder ser tú misma con total libertad. Y saber que las tres juntas en una cama compartiendo todo lo que somos sea el lugar donde más amor real voy a encontrar.

viernes, 20 de enero de 2017


Dicen que lo peor que puedes hacer es enamorarte de la piedra que hay en el camino, empeñarte en mantener en tu vida algo que quieres tanto, pero que sabes que una vez tras otra te va a hacer tropezar. Pero es mucho peor enamorarte de alguien que pertenece a otro camino. Adorar caminar de la mano junto a alguien con quien no existe suelo donde ambos quepáis. Tus pies no están hechos para el camino que él crea, y sería más que una injusticia mantenerle en el tuyo, tan lejos de lo que desea y sueña. Y desde tu camino le ves, pero vuestras manos ya no pueden tocarse. Y tienes que conformarte, porque entre todos los sentimientos tan extraños que se te acumulan eliges quedarte con todo el amor que has sentido, con la felicidad que necesitas, con la felicidad que le deseas. 
Y por el momento duele sí, pero algún día no lo hará. Y por fin me siento preparada para caminar hacia ese día, llegue cuando llegue. Quizás he comprendido que el sentimiento que nos une no va a cambiar, que es solo un punto de partida, de dos caminos que caminan en dirección opuesta, y en el que solo queda desearnos lo mejor. 
Has sido, eres, y serás siempre de las personas más especiales e importantes en mi vida, estés en ella o no. Nos lo hemos demostrado, supongo que después de todo hemos entendido que esto es el amor. No te tengo en mi cama, pero te tendré siempre al otro lado del teléfono si mi vida se viene abajo y necesito cariño del de verdad. Te quiero, te admiro, te apoyo y te deseo todo lo mejor, aunque no podamos compartirlo. En cada uno de los momentos importantes que viva, todos mis logros, las metas que consiga, miraré a un lado y sé que existirá el hueco donde deberías haber ido tú. 
La conexión que tenemos será para siempre, a pesar de todo. Solo tú me has visto amanecer, has conocido cada milímetro de mi. Solo yo te he visto vulnerable, romperte en pedazos entre mis brazos y volverte a recomponer. 
Nunca sé como despedirme, ni por cuánto tiempo será cada vez, pero tal vez esto sirva, al menos de momento. Que puedas leerlo cada vez que quieras y entender cuánto amor cabe entre tú y yo, tanto como los kilómetros que podrán llegar a existir entre tu camino y el mío. Y que nunca te olvides del equilibrio exacto entre luz y oscuridad donde mis besos se transforman en sonrisas, de que es más fácil conocer ciudades si te llevan de la mano. Pues la verdad es que no quiero nunca dejar de quererte, pero necesito que ya no me duelas. 

                       

lunes, 28 de noviembre de 2016

Preñada de condicionales


Resulta irónico escribir en esta situación sobre el amor. Como quien te cuenta sus mejores recetas mientras te sirve su peor plato sobre la mesa. 
Dicen que el corazón te pide escribir en dos momentos: cuando está bien lleno y cuando te lo han roto. Y es que en los momentos más felices crees haber descubierto todos sus secretos, pero es en los más tristes cuando entiendes sus lecciones.
El amor es tantas cosas, tantas que no he sabido ver, o tantas que no he querido entender. Es mucho más que lo que se ve, mucho más de lo que he pedido, mucho más de lo que he ofrecido. 
A mi también me engañaron con las películas del domingo al mediodía, yo también leí sobre historias de amor épicas y me acabe envenenando con cada una de las letras. También me metieron por los ojos a la fuerza ese amor especial, único e irrepetible, ese instante fugaz con esa persona idónea que solo pasa una vez en la vida. Y me lo creí. Y acabé tan engañada. Tan ciega.
Tanto que desprecié lo invisible. Todo aquello que no se ve, pero que es el amor. Todo eso de lo que nadie habla, lo que no brilla, pero abriga. Todo aquello sobre lo que no te leyeron de pequeña, lo que no aprendiste en ninguna película.
Me he conformado con tan poco, con el corazón siempre en oferta. Sin entender nada sobre el amor, sin entenderme. Fallándome una y otra vez para no fallar al resto. Camuflando todas mis necesidades en el instante fugaz, en la persona idónea que solo ocurre una vez en la vida. 
Y la verdad es que el amor es más que todo eso. El amor aparece mucho más de lo que se ausenta. El amor ocurre mil veces, y es diferente cada vez. El amor no va sobre sostenerse, va sobre acompañarse. No es ser, pero sí estar. 
Es tantas cosas, y yo creía que eran tan pocas. Y hoy puedo decir que voy descubriéndolo, poco a poco, y en las cosas que menos imaginaba. No me conformo, no me engaño y no me enveneno con ideas sobre lo que debe ser el amor, porque ahora lo sé.

lunes, 19 de septiembre de 2016

But it's the only thing that I know

No todo lo que sentimos tiene una explicación, ni todas las decisiones que tomamos tienen un motivo. No se puede controlar un corazón, no se puede ser racional cuando los sentidos te llevan hacia un único camino. Y puede que sea el más difícil de todos, y puede que ni siquiera tengas la certeza de que llegarás a algún lugar, pero inexplicablemente algo te empuja a caminarlo, y quizás solo el hecho de andarlo sea el lugar exacto al que has de llegar.

Cuando te conocí la vida me sonrío. Me quede atrapada en ti, atrapada en tus caricias, en tu manera de hablar, en tu forma de intentar explicar como los sentimientos iban creciendo en ti. El amor que he conocido contigo supera todas las expectativas que le tenía puestas a la vida.

Con lo poco que me han querido a veces. Con lo mal que me han querido muchas de ellas. Y llegas tú y me quieres tan nuevo, tan increíble, tan inexplicable. 
Con lo mal que he querido a veces. Con lo inmerecido que he querido muchas de ellas. Y llegas tú y te quiero tan grande, tan bonito, tan inexplicable.

Y a pesar de todo, es la vida la que se nos hace cuesta arriba una y otra vez desde que nos encontramos. Distancias. Lágrimas. Errores. Perdones. Tristezas. A pesar del amor, a pesar de lo inmenso, cada bache que hemos tenido que superar ha sido aún mayor que el anterior. Como dos piezas de un puzzle que encajan a la perfección, pero que nunca encuentran el puzzle de origen, el lugar perfecto donde acomodarse juntas y simplemente vivir.

Y hoy nos encontramos ante el mayor de todos los obstáculos que hemos vivido. Nadie sabe lo que nos traerá la vida, ni siquiera cual es la forma correcta de actuar. Lo que todos creen, lo que todos piensan, qué más da. Solo nosotros sabemos lo que tenemos. Solo dos personas que se aman de verdad son capaces de entender todo el amor que cabe entre dos miradas que se niegan a apartarse. Y el amor contigo nunca se va a acabar, pase lo que pase. Para mi lo significas todo, y no me cansaré de demostrarlo nunca.

Alguien me pidió que escribiera una despedida, aunque no lo fuera. Pero no, no voy a hacerlo. Prefiero una bienvenida. La bienvenida a todo lo que nos queda por vivir, a todos los lugares que vamos a visitar juntos, a cada uno de los miles de besos que quedan por darnos. La bienvenida a nuestros sueños, a las promesas que sé que cumpliremos, la semana que viene, dentro de dos meses, o quizás en cinco años. Pero juntos.
Donde sea, como sea, cuando sea.. pero contigo.


domingo, 5 de junio de 2016

Adam.

A veces no sabes cómo. A veces te pierdes. Hay días en los que no recuerdas ni quien eres, y mucho menos quien quieres ser. Días en los que no te apetece ser, ni estar.
Días en los que pase lo que pase, al final de todo, estás tú. Y que suerte tenerte cuando eso pasa.
No existen palabras suficientes para expresar lo que tú me haces sentir solo existiendo, solo compartiendo un espacio conmigo en este mundo. Queriéndome tanto, queriéndome bien.
Y es que algunas veces no sabes por qué, pero sabes con quién, y yo no podría estar más segura de que contigo es con quién. Donde sea, como sea, pero contigo. 
Nunca nadie había conseguido hacerme entender de este modo todo lo que el amor puede abarcar, el buen amor. Cuando la prioridad son siempre las sonrisas, cuando simplemente vernos  cada mañana despertar nos hace sentir afortunados.
Creo en ti, y creo en nosotros. Creo en nosotros hoy y siempre. Eres lo mejor que me ha pasado, y no quiero perderte nunca, porque contigo la vida es vida, porque contigo sé quien soy. Cuando me pierdo, cuando la vida me pesa, tú me abrazas y en tus brazos yo me encuentro.
Porque tú me has enseñado a construir, a desmontar piezas cuando no encajan y probar a ponerlas en otro lugar. Contigo he aprendido a poner un beso donde antes ponía una tirita. A comprender, a perdonar. A poner solución a los problemas y aprender de ellos.
Y por eso sé que este es mi lugar, el lugar donde puedo amar, donde puedo crecer y mejorar cada día. El lugar donde me aman, donde me cuidan y acompañan sea como sea el camino. Donde me apoyan, donde me inspiran a avanzar.
Me siento plenamente feliz de compartir mi vida contigo, de habernos elegido. De tener tus besos, sostener tu mano. Perderme en tus ojos, perderme en ti. Hoy y siempre, mi lugar favorito en el mundo: tú.


domingo, 21 de febrero de 2016

Recuerdo de un verano

Casi sin querer, la vida
casi sin querer, el tiempo
y de repente tú,
y casi sin querer, nosotros.
Apareciste de la nada y trajiste todo,
hiciste temblar todo, 
tocaste todo, cambiaste todo.
Me miraste durante toda una noche,
 y yo decidí mirarte toda una vida.
Amor de verano, amor de otoño,
amor de invierno y de mi vida.
Te tengo bien adentro, 
a pesar de todo, y de todos.
Tú me enseñaste que algunos amores no mueren,
no caducan, no se acaban,
no entristece recordarlos, se mantienen siempre vivos.
Y el nuestro es uno de ellos,
grande, inmenso, real y para siempre.
Tengo tantas cosas guardadas para ti, para nosotros.
Tengo sonrisas, que solo tú has podido y podrás ver.
Abrazos,  combinación tu piel, mi piel.
Besos de buenos días, y de buenas noches por si el día no fue bien.
Un domingo, que seguramente convirtamos en mil más.
Y un recuerdo de aquel Julio, que tengo aquí guardado y que podremos revivir.
Y al llegar el verano, elegirte de nuevo a ti, una y otra vez.
Mi amor de verano,
de todos y cada uno de los veranos de mi vida.
Guardaré cada momento, para poder compartirlo contigo,
y dejaré mi puerta siempre bien abierta
como dice Maldita Nerea, para cuando quieras volver.

lunes, 19 de octubre de 2015

capturing images

Resulta complicado buscar la forma de explicar, de entender.

La vida nos da tantas vueltas, nos descoloca, nos confunde.

Hace un año, con el corazón en un puño, hecha añicos precisamente por la persona que había jurado cuidarme para siempre, prometí que sería la última vez.

Juré y perjuré que nunca más nadie me iba a herir así, que no daría a nadie la posibilidad de destruirme, que esa facultad solo me correspondería a mí.

Todo aquello en lo que había creído, lo que creía completaría mi vida y sobre todo mi corazón para siempre, se desmoronaba, y no podía hacer nada para evitarlo.

Da miedo. Asusta ver como verdaderos pedazos de ti se van difuminando, como desaparecen. Día tras día deja de ser tu vida, deja de pertenecerte. Se van los recuerdos, y con ellos el rencor. Y sin darte apenas cuenta, renaces. Y todo aquello ya no existe, ya no importa. Ya solo estás tú. Renovada. Preparada. Ilusionada.

Y la vida continua, y todo es diferente. Ya no buscas a nadie que jure cuidarte, huyes de los lugares que te hablan del amor. Guardas bajo llave el corazón, y así te va bien piensas. Conoces nueva gente. Conoces nuevos besos. Conoces nuevas camas, pero no te quedas, y así te va bien piensas.

Pasa el tiempo, con la única dueña de tu vida tú. Con tus amigas. Con tu trabajo. Tus estudios. Tu familia. Las salidas del viernes noche, las resacas del sábado por la mañana. Sin rastro del amor.

Cuando algo duele, pensamos que la mejor manera de que el dolor pare es no tocar la herida. Nos cuentan por ahí que no todo el mundo es igual, que existe gente maravillosa y que tenemos que dejarnos conocer. Y tu asientes, y sonríes como si fueras a cambiar de parecer, pero para ti solo hay una realidad: quien conoce puede querer, quien quiere puede ser querido, y querer y ser querido da la posibilidad al otro de destruirte. Y cuando de veras te han destruido, cuando te han dejado con el corazón sin cobertura y las rodillas temblando de tanto dolor, dejarse conocer ya no merece la pena. Ni siquiera ser querido merece la pena.

Y en medio de todo eso, algún día, en algún lugar, la vida decide volver a cambiar. Y entre cientos de personas tú solo ves a alguien, y ese alguien lo cambia todo. De repente estás en el sitio preciso, a la hora exacta, y basta una mirada. Ya da igual lo que te hayas jurado, las llaves y candados que le hayas puesto al corazón.

Cinco minutos después de conocerte ya no quería irme de tu lado. No sabía que tenías, pero no lo tenía nadie más. Después de tanto tiempo con miedo a sufrir, te miraba de frente y me olvidaba del dolor. Me besaste y aquello que había tenido claro tanto tiempo desapareció, te quería conmigo, a pesar de todo, a pesar de todos, y así ha sido hasta hoy.

Y claro que me siento vulnerable, ante todo lo que hemos vivido y estamos viviendo. Ante todo lo que sabemos que sentimos. Porque hay algunas cosas que solo ocurren una vez, y yo confío en la casualidad de habernos conocido, en habernos encontrado y habernos negado a separarnos.

Es maravilloso encontrar a alguien a quien amar, y que te ama tal y como eres. Que te lo demuestra. Que te cuida sin necesidad de prometerte que lo hará. Que no habla de para siempres pero que se queda.

Porque es difícil de explicar, pero es la realidad. Todo va cambiando, y lo que antes te asustaba acaba por formar parte de ti de nuevo. Simplemente un día ocurre y no lo puedes evitar.

Aquello que habías dejado de entender, vuelve a ti.

Llega él, y le da significado a todo lo que había dejado de tenerlo.

martes, 3 de marzo de 2015

Solo tenemos un corazón y hay que serle fiel.

Hace no mucho tiempo, en un intento de engañar mis esfuerzos quizás, alguien fue lo suficientemente valiente como para mirarme a los ojos y hablarme de mí. Para sostener mi mano y acercarme a quien era en ese momento, a quien soy hoy. Y en aquellos 23 minutos, tuvo el coraje de hablarme del corazón, de mi corazón. De gritarme silencios y callarse mil palabras, de hacerlo despertar. 
Ahora que han pasado los meses, soy capaz de escuchar aquellos silencios, soy capaz de sostener las mil palabras, y soy capaz de comprender, aún sin entender. Y es que el corazón nunca pierde, nunca gana. Nunca para, siempre avanza. El corazón aprende, pero para olvidar le bastan dos caricias, para borrar toda posible duda y volver al punto de partida. El corazón es coraje disfrazado de miedo. Es el instante exacto en el que se quiebran los temores y te lanzas a sus labios. No escucha, y no atiende a razones. Es locura, es desafío. Es cada "nunca más" que no cumplimos, y el "para siempre" que no nos creímos. Es la mirada que hace tambalear todos los cimientos, cada falso arrepentimiento entre beso y beso. No entiende de imposibles, y suele sentirse seguro en los brazos más difíciles. Siempre tiene la razón, nunca se equivoca en la decisión. 
Y es que solo cuando somos capaces de entenderlo, de por fin darnos cuenta de que no cabe la racionalidad cuando hablamos de sentir, cuando somos lo suficientemente valientes como para elegir entre todos el camino más difícil, solo en el momento en el que decidimos cerrar fuerte los ojos y dejarnos llevar, encontramos la respuesta. Cuando somos capaces de sumergirnos en esos labios que siempre han sido un mar de dudas, cuando aún asustados, apretamos la mano que sabemos que nos puede hacer caer, solo en ese momento, y al perdernos en los ojos más confusos, encontramos el que será sin duda, nuestro lugar favorito en el mundo.

domingo, 21 de diciembre de 2014

Flightless bird


Y a veces, cuando más perdido te encuentras, cuando la situación más te ahoga y has perdido la visión del motivo y del argumento, algo pasa. Pasa un lugar, pasa una persona. Pasa una mirada, o una simple palabra. Pasa una sonrisa, una caricia.. Pasa exactamente lo que tenía que pasar. Y no solo pasa, si no que se queda. Se queda y acampa en el lugar exacto donde tenía que hacerlo. En el lugar repleto de dudas que en realidad no sabías, se encontraba vacío. Y sin apenas darte cuenta, la historia se va escribiendo sola. En un libro, que nunca compraremos, ni querremos releer. 
Nos pasamos la vida buscando metas tras las que correr, sueños que perseguir, sensaciones que descubrir. Esperando que pase algo, algo que active las emociones, que nos haga despertar.. y lo único que pasa es la vida. Y es aquí, justo en el punto en el que ese algo comienza a pasar por mi vida, cuando por fin logro entenderlo. Cuando soy capaz de mirar de frente mis ilusiones, mis sueños, mis metas y objetivos, y no dejarlos pasar. Donde por fin, cada momento es el adecuado para despertar, para activar las emociones, descubrir sensaciones, perseguir nuestros sueños y correr tras nuestras metas. Donde somos capaces de decidir, donde soy capaz de elegir. 
Y nunca antes me había sentido más segura de una elección. La elección de tomar ese instante, hacerlo mío, y agradecer que esto pasó.  Que pasó una caricia, una palabra y una mirada.. que pasó una persona, y un lugar. 

sábado, 26 de octubre de 2013

"Es increible...

... no te imaginas cuanto amor me llevo"

martes, 4 de junio de 2013

paso a paso


Supongo que hoy es diferente. Nadie me ha dado un motivo, y tampoco yo voy en busca de una razón. Hoy voy despacio, hoy me siento y respiro. Cierro los ojos, pienso, sonrío, y siento. Supongo que hay mares que te hunden, pero hay otros que en cambio, como hoy, te acompañan, te conducen. Y te descubres dejándote llevar por la corriente, segura y despreocupada. Porque hay pequeñas olas que hay que coger, o que simplemente te cogen ellas a ti, y te dan con cada pequeña gota un nuevo motivo para estar tranquila, para dejar de preocuparte y simplemente vivir. Para comprender que las cosas son fáciles si así queremos hacerlas, y que todo tiene una solución, por muy difícil que sea el camino hasta encontrarla. Y si me preguntas como encontrar ese mar, esas inseguridades convincentes camufladas de olas, nunca te daré la direccion exacta, ya que no las busqué, simplemente me encontraron, y ahora, cada vez que me las encuentro de frente, no puedo negarme... me dejo llevar.

domingo, 3 de marzo de 2013

princesa de un cuento infinito

Dicen que a lo largo de tu vida encuentras a esa persona que te completa, o quizás más, personas que te complementan, que te llenan, medias mitades perdidas por el mundo, aunque sean pocas con las que te encuentras. A día de hoy, tengo la suerte de haberme encontrado con algunas. Alguien de mi propia sangre, una amiga inesperada, otra más parecida a una hermana, algún abrazo oportuno, o puede que un beso en el momento exacto. Pero aunque para muchos no tenga sentido, mi media mitad la encontré hace doce años. La encontré en las despedidas sinceras, y en los reencuentros más agradecidos del mundo. La encontré en la compañía incondicional, sin preguntas, sin por qué. La encontré en la misma forma de mirarme aún si estaba fea, desarreglada, triste, agobiada, o enfadada. La encontré en un día a día juntas. En doce años sin fallarnos, hasta el último día. En ese primer gesto, y en la última caricia. Porque cuando se va una media mitad, probablemente te sientas como me siento yo ahora. Cuando se va lo que para ti representaba casi la totalidad por completo, la felicidad extrema, el apoyo más fuerte, y el refugio más sano, te sientes vacía, y todo se derrumba. Porque muchas personas no podrían darme en años algo tan simple como lo que me daba ella solo estando aquí, a mi lado.