martes, 18 de julio de 2017

Come back, I still need... me.

De repente un día te das cuenta de lo engañada que has estado. De cuanto te has mentido. De la cantidad de cosas que escondías debajo de la almohada, que no reconocías seguir guardando en ti. Es imposible decir adiós si en el fondo estás preparada para una bienvenida. Por mucho que lo grites, que jures que nunca más. Porque aunque me dedicara a asegurar que no quería esto en mi vida ni un minuto más, cada distanciamiento tenía como último objetivo que todo aquello volviera. Cada vez que daba un paso alejándome de aquella vida, una pequeña parte de mí miraba hacia detrás esperando una reacción, una reacción que nunca iba a llegar. 
Me he pasado los días buscando un nuevo camino, una nueva forma de seguir, y lo he hecho sujetando el peso de todo aquello de lo que justo quería liberarme. Hasta que un día pasa, y consigues ver todo aquello que traes contigo, una gran caja en la que todo esta roto, en la que las cosas vacías pesan aún más. Han pasado los meses, las personas. Algunas se han sentado a mi lado a ver como intentaba pegar los trozos inútilmente, otros han intentado enseñarme como deshacerme de ellos, y otros simplemente han tenido la paciencia de esperar al otro lado de la puerta, de observar como día a día me levantaba y cargaba mi gran caja de momentos rotos de un lado para otro, con la esperanza de que algún día los perdiera en el camino y mis manos quedarán por fin libres para sostenerlas, para curar las heridas que el peso de veintinueve millones cuatrocientos sesenta y dos mil cuatrocientos segundos de dolor pueden generar.
Y después de tantos motivos que tuve para comenzar, de los que ninguno resultó ser suficiente, hoy me he despertado y no he podido verlo más claro. Desperté y allí estaba, a mi lado. Todas las piezas rotas, todo el dolor. Y me pregunté por qué había querido recuperar algo de aquello durante todo este tiempo, busqué entre todos los trozos un solo motivo para quedarme, para quererte, y no lo encontré. 
Después de todas las oportunidades que he tenido, de todas las cosas bonitas que me han dado para reemplazar todo este dolor. De las veces que me han pedido que dejara caer todo este peso que llevo conmigo desde el día que decidí luchar por una causa perdida sabiendo que lo era.. y al final he sido yo la única que podía enseñarme toda esta realidad. Lo que de verdad quiero, lo que de verdad necesito, lo que merezco. 
El problema no era el camino, el problema era empeñarme en llevar conmigo historias de caminos pasados queriendo hacerlas futuro, cuando el futuro era algo mucho mejor. Y me he mirado al espejo, he soltado las pocas lágrimas que quedaban de esta historia, y cada pedazo de dolor ha dejado de pesar en mí, ha desaparecido.
Y después de todo no se está tan mal.
Y adiós.


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