domingo, 8 de abril de 2018

todo

No sé cuantas veces pasas por aquí, si verás esto dentro de quince minutos o más bien dentro de unos días, pero para cuando eso pase aquí estará esperándote, hablándote a ti y de ti.
No puedes hacerte una idea de las veces al día que me paro y pienso en todo lo que siento contigo, y entonces quiero venir corriendo aquí y escribirtelo todo, o decírtelo todo, o besarte sin parar. De las veces al día que me quedo mirandote mientras haces cualquier tontería, mientras duermes, y solo puedo pensar en cuanta suerte he tenido. Suerte al encontrarte, al enamorarme de todo lo que eres, al compartir mi tiempo contigo. Suerte de tener alguien que escucha las cosas que nunca antes nadie quiso saber de mí, que entiende todas las rarezas que he creado en mi vida y que los demás ignoraron. Alguien con quien sentirme siempre en casa, estemos donde estemos, riendo y queriéndonos como tú y yo sabemos hacerlo.
A veces me sorprende como puedes dudar solo una milésima de que no te quiera así, o de que no me hagas lo suficientemente feliz. Si es que me despierto y veo que te tengo al lado y no hay palabras para explicar lo perfecto que parece todo entonces, la felicidad tan grande que creas en mí. Durante mucho tiempo he pasado por la vida de largo, dejando que los días corrieran sin más, porque solo quería llegar al final y todo esto me daba igual. Pero ahora que estás tú, disfruto cada día, y me da igual todo lo largo que se me haga el camino hasta allí si vas a estar acompañándome. 
Porque estoy enamorada de la idea de compartirlo todo contigo, sea lo que sea. De vivir en la mejor casa del mundo o en una habitación, pero solo si es contigo, solo tú y yo. No quiero pasados, ni futuros, ni sueños ni promesas, quiero amarte hasta el final, quiero darte todo de mí, todo lo que tengo, todo lo que soy hoy. Quiero verte sonreir cada día, sentir que te hago un poco más feliz, que juntos somos más de lo que fuimos antes de encontrarnos. Y lo quiero aquí. Lo quiero ahora. Porque aquí y ahora, lo somos todo.

viernes, 23 de febrero de 2018

Contigo



Yo no buscaba nada. Más bien huía. No quería darle importancia a nadie. No quería dejar que nadie supiera quien soy, quien realmente soy. No me apetecía nada de eso que todo el mundo busca, solo quería pasar por mi camino en silencio, y que no me encontrara el amor.

Y un día apareciste tú, como si nada. Y no le dimos importancia, aunque ahora sé que la tuvo. Apareció alguien con los mismos miedos que yo, alguien que callaba lo mismo, que huía de las mismas cosas que huía yo. Quizás fue eso lo que nos llevó en la misma dirección. Lo que hizo que retrocediéramos un paso por cada dos que avanzábamos, pero que siguiéramos hacia delante. Quizás por parecernos tanto. Porque recorriendo el camino que creíamos nos alejaba de lo que no queríamos, conseguimos todo lo contrario. Porque no es lo mismo huir solo, que huir en compañía. Porque acabó dándome igual a donde estuviéramos yendo, si estaba yendo contigo.

Y es que después de tanto que intenté que no pasara, del miedo que me daba acostumbrarme a ti.. y ahora ni recuerdo el motivo por el que no quería quererte. Porque contigo no encuentro nada malo. Todo lo que me asustaba, lo que no quería en mi vida nunca más, ya no está. Lo que me hizo negarme tantas veces a sentir, esas cosas que una vez dolieron tanto y que no quería repetir.. y contigo ni aparecen, ni siquiera caben entre tú y yo.

No sé como lo haces, pero contigo solo tengo lo bueno. Me haces sentir tranquila. Me calmas cuando yo no sé. Me haces reír. Me haces sentir cuidada e importante. Y por encima de todo, me haces feliz, con lo necesario que es eso para mí. Pase lo que pase, en los momentos más duros que he tenido que pasar, apareces con tu sonrisa y con esos dos besos que siempre se convierten en doscientos, y la vida parece un poco mejor.

Y la verdad es que no me importa si eres mi amigo, mi novio, mi marido, mi amor, o si eres todas ellas. Porque esto no tiene que ver con cómo te llame. No tiene que ver con que seas más o menos mío. Lo que realmente me importa es que eres tú, y que estás aquí. Que alguien como tú, con todo lo que eres, con todo lo que significa eso para mí, está a mi lado. Compartiendo todo esto. Aquí y ahora. Y todo lo demás pasa a un segundo lugar.

Porque yo no buscaba nada. Más bien huía. Pero apareciste tú. Y ya no quiero que te vayas.


sábado, 13 de enero de 2018

Aquí y ahora



Hace unas semanas volví a escribir después de mucho tiempo. Escribí algo que a veces tiene sentido y a veces no, algo que no publiqué, que solo compartí con algunas personas. 

Antes de leerlo preguntaste si iba sobre ti, y tengo que reconocer que en el fondo me dio pena tener que decirte que no. Que lo primero que hayas leído de mí haya sido tan absurdo, que no haya sido por y para ti. La verdad es que sí había pensado en escribir algo antes de ese día, y lo he seguido pensando hasta hoy, pero tenía miedo de dar demasiados rodeos, de ir cambiando de opinión mientras lo escribía, como suele pasarme cuando intento explicarte por que tengo tan claro todo lo que me hace dudar.

Tienes muchas cosas en ti que me gustan, y eso es todo lo bueno y todo lo malo que tengo que decirte. Bueno porque me siento yo misma, porque puedo irme una y otra vez, pero siempre quiero volver. Y malo porque tal vez si vuelvo siempre a donde estés, un día me olvide de como irme, y ya sé de sobra lo que pasa cuando encuentras un sitio del que no quieres salir. 

Ni yo misma sé que espero, ni lo que me asusta realmente. Hay días que me iría al fin del mundo contigo, y días en los que soy incapaz de creerme nada de ti. Y no es tu culpa, probablemente ni siquiera sea mía.

No puedo quejarme de nada de lo que haces, de lo que dices, de lo que hemos pasado. Me das tranquilidad, comodidad. Simplemente estás y cuando eso pasa siempre va todo bien. Y cuando no estás, no pasa nada. La vida sigue, sin más. Y cuando vuelves me siento feliz, disfruto cada minuto que paso contigo. Y supongo que eso es todo lo que he necesitado durante mucho tiempo. Alguien que no sea mi vida entera, pero que los días que esté en ella me haga sentir en calma, feliz. Sin presión. Sin malos ratos. Sin dolor.

Y ahora es cuando tu me dices que esto es exactamente lo que tu me llevas diciendo todos estos meses. Que deje de pensar. Que haga lo que me apetezca. Y lo hago. Pero contigo no soy todo lo fría que normalmente soy (aunque tu creas que si), y eso no me deja ser lo indiferente que alomejor debería ser. Alomejor es como debería actuar. Pasar una tarde contigo, estar a gusto, y después irme a casa y seguir con mi vida sin pensar más en ti. Pero no es la verdad, y eso es lo que realmente a veces me asusta. Porque cada cuatro besos tengo que sonreír. Porque puedo abrazarte más de diez segundos sin cansarme. Porque te dejo en casa y me voy pensando en ti. Porque a veces estoy haciendo cualquier cosa y tengo ganas de verte porque sí. Porque te nombro más de lo que me gustaría. Por esto y otras cosas a veces quiero irme y no verte nunca más. Porque me implico más de lo que quizás debería, más de lo que tu esperas. Porque entendí hace tiempo que cuando alguien empieza a importarte ya puede dolerte, y yo me cansé de que la gente tuviera la capacidad de hacerme daño. 

Supongo que no puedo explicártelo mejor. Por un lado está lo que creo que quiero o que debería hacer, y por otro lo que puede que esté pasando. Y quizás ese sea el motivo por el que, aunque no lo notes, estoy continuamente yéndome. Y a pesar de todo esto que te he contado, de las tres mil dudas, miedos, ganas de marcharme o de que nada me importe, o alomejor precisamente por todo esto, siempre acabo volviendo.