domingo, 3 de marzo de 2013

princesa de un cuento infinito

Dicen que a lo largo de tu vida encuentras a esa persona que te completa, o quizás más, personas que te complementan, que te llenan, medias mitades perdidas por el mundo, aunque sean pocas con las que te encuentras. A día de hoy, tengo la suerte de haberme encontrado con algunas. Alguien de mi propia sangre, una amiga inesperada, otra más parecida a una hermana, algún abrazo oportuno, o puede que un beso en el momento exacto. Pero aunque para muchos no tenga sentido, mi media mitad la encontré hace doce años. La encontré en las despedidas sinceras, y en los reencuentros más agradecidos del mundo. La encontré en la compañía incondicional, sin preguntas, sin por qué. La encontré en la misma forma de mirarme aún si estaba fea, desarreglada, triste, agobiada, o enfadada. La encontré en un día a día juntas. En doce años sin fallarnos, hasta el último día. En ese primer gesto, y en la última caricia. Porque cuando se va una media mitad, probablemente te sientas como me siento yo ahora. Cuando se va lo que para ti representaba casi la totalidad por completo, la felicidad extrema, el apoyo más fuerte, y el refugio más sano, te sientes vacía, y todo se derrumba. Porque muchas personas no podrían darme en años algo tan simple como lo que me daba ella solo estando aquí, a mi lado.