A veces no sabes cómo. A veces te pierdes. Hay días en los que no recuerdas ni quien eres, y mucho menos quien quieres ser. Días en los que no te apetece ser, ni estar.
Días en los que pase lo que pase, al final de todo, estás tú. Y que suerte tenerte cuando eso pasa.
No existen palabras suficientes para expresar lo que tú me haces sentir solo existiendo, solo compartiendo un espacio conmigo en este mundo. Queriéndome tanto, queriéndome bien.
Y es que algunas veces no sabes por qué, pero sabes con quién, y yo no podría estar más segura de que contigo es con quién. Donde sea, como sea, pero contigo.
Nunca nadie había conseguido hacerme entender de este modo todo lo que el amor puede abarcar, el buen amor. Cuando la prioridad son siempre las sonrisas, cuando simplemente vernos cada mañana despertar nos hace sentir afortunados.
Creo en ti, y creo en nosotros. Creo en nosotros hoy y siempre. Eres lo mejor que me ha pasado, y no quiero perderte nunca, porque contigo la vida es vida, porque contigo sé quien soy. Cuando me pierdo, cuando la vida me pesa, tú me abrazas y en tus brazos yo me encuentro.
Porque tú me has enseñado a construir, a desmontar piezas cuando no encajan y probar a ponerlas en otro lugar. Contigo he aprendido a poner un beso donde antes ponía una tirita. A comprender, a perdonar. A poner solución a los problemas y aprender de ellos.
Y por eso sé que este es mi lugar, el lugar donde puedo amar, donde puedo crecer y mejorar cada día. El lugar donde me aman, donde me cuidan y acompañan sea como sea el camino. Donde me apoyan, donde me inspiran a avanzar.
Me siento plenamente feliz de compartir mi vida contigo, de habernos elegido. De tener tus besos, sostener tu mano. Perderme en tus ojos, perderme en ti. Hoy y siempre, mi lugar favorito en el mundo: tú.