sábado, 13 de enero de 2018

Aquí y ahora



Hace unas semanas volví a escribir después de mucho tiempo. Escribí algo que a veces tiene sentido y a veces no, algo que no publiqué, que solo compartí con algunas personas. 

Antes de leerlo preguntaste si iba sobre ti, y tengo que reconocer que en el fondo me dio pena tener que decirte que no. Que lo primero que hayas leído de mí haya sido tan absurdo, que no haya sido por y para ti. La verdad es que sí había pensado en escribir algo antes de ese día, y lo he seguido pensando hasta hoy, pero tenía miedo de dar demasiados rodeos, de ir cambiando de opinión mientras lo escribía, como suele pasarme cuando intento explicarte por que tengo tan claro todo lo que me hace dudar.

Tienes muchas cosas en ti que me gustan, y eso es todo lo bueno y todo lo malo que tengo que decirte. Bueno porque me siento yo misma, porque puedo irme una y otra vez, pero siempre quiero volver. Y malo porque tal vez si vuelvo siempre a donde estés, un día me olvide de como irme, y ya sé de sobra lo que pasa cuando encuentras un sitio del que no quieres salir. 

Ni yo misma sé que espero, ni lo que me asusta realmente. Hay días que me iría al fin del mundo contigo, y días en los que soy incapaz de creerme nada de ti. Y no es tu culpa, probablemente ni siquiera sea mía.

No puedo quejarme de nada de lo que haces, de lo que dices, de lo que hemos pasado. Me das tranquilidad, comodidad. Simplemente estás y cuando eso pasa siempre va todo bien. Y cuando no estás, no pasa nada. La vida sigue, sin más. Y cuando vuelves me siento feliz, disfruto cada minuto que paso contigo. Y supongo que eso es todo lo que he necesitado durante mucho tiempo. Alguien que no sea mi vida entera, pero que los días que esté en ella me haga sentir en calma, feliz. Sin presión. Sin malos ratos. Sin dolor.

Y ahora es cuando tu me dices que esto es exactamente lo que tu me llevas diciendo todos estos meses. Que deje de pensar. Que haga lo que me apetezca. Y lo hago. Pero contigo no soy todo lo fría que normalmente soy (aunque tu creas que si), y eso no me deja ser lo indiferente que alomejor debería ser. Alomejor es como debería actuar. Pasar una tarde contigo, estar a gusto, y después irme a casa y seguir con mi vida sin pensar más en ti. Pero no es la verdad, y eso es lo que realmente a veces me asusta. Porque cada cuatro besos tengo que sonreír. Porque puedo abrazarte más de diez segundos sin cansarme. Porque te dejo en casa y me voy pensando en ti. Porque a veces estoy haciendo cualquier cosa y tengo ganas de verte porque sí. Porque te nombro más de lo que me gustaría. Por esto y otras cosas a veces quiero irme y no verte nunca más. Porque me implico más de lo que quizás debería, más de lo que tu esperas. Porque entendí hace tiempo que cuando alguien empieza a importarte ya puede dolerte, y yo me cansé de que la gente tuviera la capacidad de hacerme daño. 

Supongo que no puedo explicártelo mejor. Por un lado está lo que creo que quiero o que debería hacer, y por otro lo que puede que esté pasando. Y quizás ese sea el motivo por el que, aunque no lo notes, estoy continuamente yéndome. Y a pesar de todo esto que te he contado, de las tres mil dudas, miedos, ganas de marcharme o de que nada me importe, o alomejor precisamente por todo esto, siempre acabo volviendo.


No hay comentarios:

Publicar un comentario