He reído solo para hacer creer a la gente que soy feliz. He llorado
hasta que se me agotasen las lágrimas. He perdonado lo imperdonable. Me he dejado la piel en conservar a esas personas especiales. He querido como
nadie. He sacado fuerzas de donde no las había. He tenido el valor de
construir un futuro que sé que jamás se cumplirá. Me he comportado como
una niña chica solo para que vieran que todavía hay algo de inmadurez
dentro de mí. He sido el pañuelo de lágrimas de los que se han
derrumbado, sin importarme si ellos habían estado o estarían cuando me ocurriera a mi. He
llamado por teléfono solo para que se acordaran de que existo. Me he
hecho la sorda para no oír lo que no quería escuchar, y la ciega para no
ver lo que sabía que me iba a doler. Me he tragado muchas veces el
orgullo, para no perder a esas personas importantes. Me he guardado
cientos de lágrimas para parecer fuerte y he fingido momentos de locura
para hacer creer que todo sigue bien. Y hoy, he sido capaz de
levantarme, mirar al frente y seguir adelante. ¿Por qué? Porque he
aprendido que la vida se compone de momentos, buenos y malos, y la mejor
manera de pasar los malos es sacar fuerza, valor, y una sonrisa, aunque
sea la sonrisa más falsa del mundo.
