sábado, 22 de octubre de 2011

"¿Pero por qué te pones tan feliz?"

Y es que poco a poco caigo en la cuenta de que esto no se acaba porque yo no quiero, y de que por mucho que diga que quiero olvidarle, no lo consigo, pero no porque no pueda, es que, en el fondo, no es lo que quiero. Y es que, ¿para qué olvidarme de algo que me hace feliz, de algo que me hace sentirme bien, que hace que me olvide de los problemas? Por más que le busco la lógica a todo esto, no se la encuentro. Necesito olvidarte, pero no quiero, hubiera preferido no empezar a quererte, pero ahora no quiero dejar de hacerlo, me gustaría acabar con toda esta historia, pero no quiero dejar de verte. Me repiten una y otra vez que si no paso de ti es porque yo no quiero, les doy la razón, no quiero hacerlo. Antes creía que el problema venía en que me haces sentir mal, pero la historia es al contrario, tanto, que lo de sentirme mal se me olvida cuando estás cerca. Y como me he dado cuenta de que los demás problemas los voy a seguir teniendo sí o sí, te vea o no, te quiera o no, y te olvide o no. Te veo, te quiero, y no te olvido. ¿Por qué? Es simple. Cuando único no soy consciente de dichos problemas, es cuando estoy contigo.

Una de cal y otra de arena.

No entiendo de que vas, hay veces que me comes, de tanto quererme. Otras veces nunca estás, y por mucho que te busque, no se donde te escondes. Que no me conformo con tenerte a medias. ¿Qué quieres de mí,si ya has dejado de sentir? Dímelo bajito, y me olvido ya de ti. Si todo sigue igual, ven corriendo a por mí.

Sacar el valor de donde sea.

¿Sabéis por qué me hice cura? Porque en el patio del colegio no paraba de recibir hostias y pensaba que así, pues yo podría repartir alguna. Con 12 años me declaré a Virginia, la chica más guapa de mi clase. Me acerqué a ella, con todo el valor del mundo, la miré y le dije: "Virginia soy Andrés, el chico que se sienta contigo desde preescolar, y me gustas". Cogió, y se encogió de hombros, así como diciendo, "tío lo siento, pero no me suenas de nada". Así que me metí a cura, haber tampoco es que tenga una relación directa, pero de alguna manera me dí cuenta de que no me estaba perdiendo nada. Desde entonces no he dudado que Dios me había elegido ni un solo día, me abracé a la fe con toda la fuerza del mundo, pero hoy he descubierto algo que tiene la misma fuerza. Estoy enamorado de ti Vilma. La miro a ella y ya no tengo vértigo, ni ganas de dar la comunión, ni confesar, ni nada. Fíjate, yo que pensaba que era el último cura del último barco del mundo, y al final resulta que solo soy un chaval enamorado, y no creo que nada pueda cambiar eso.

El tiempo no sabe lo que significa amar.

Aunque nuestros caminos han de ser distintos, la culpa no fue tuya, fue el destino y tras este abrazo tengo que seguir. Cada vez que abras los ojos me vas a encontrar, la distancia entre nosotros no será un rival, lo que yo siento por ti, no va a cambiar.

Lo que nunca por nadie sentí.