No quedas más que tú, no quedo más que yo, en este extraño salón. Sin nadie que nos diga donde, como y cuando nos besamos. Juramento de sal y limón, prometimos querernos los dos. Quiero que siga así, tu alma pegada a mí, mientras nos quedamos quietos, dejando que la piel cumpla poco a poco todos sus deseos. Diciéndonos bajito que lo nuestro siempre se hará eterno.
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