Unos se llevan la fama y otros el provecho. Mientras la juzgas por lo que tú dices que hace, todo lo que hace gira a tu alrededor. Mientras le reclamas por como actúa y lo que piensa, solo piensa en ti. Mientras le recriminas por su forma de ser, no te das cuenta de que ella es lo que ves y nada más, que te es sincera, transparente, que no sabe mentir, que siempre te lo cuenta todo, que no se guarda nada. Y tú, callas. Presumes de no hacer esas cosas, con un "¿si fuera yo que pensarías?", cuando efectivamente, eres tú, pero no lo dices. A las espaldas está mucho mejor. Encima, lo haces de forma que no se te pueda reclamar. Efectivamente, podrás jurar y perjurar que no está mal, pero es mucho más de lo que tú soportarías, o soportas. Y en el fondo, no le importa, me lo ha dicho, le da igual. No sabe como, ni por qué, sigue detrás de tuyo, y yo no puedo hacer nada para abrirle los ojos. Te tiene idolatrado, y probablemente, lo que le demuestras y dices, tu forma de ser con ella, haga que lo merezcas. Pero ella no sabe, como yo, quien eres cuando se da la vuelta, cuando la dejas en casa y corre a escuchar vuestras canciones y a dibujar corazones con vuestra fecha. No sabe, que mientras ella sueña con la próxima vez que la beses, tú te dedicas a preparar presas, sin atacar por supuesto, pero a tenerlas a todas contentas. Y ahora, esta que está aquí, rezará porque algún día llegues a aquí y leas esto, te des por aludido, pienses un poco, y te des cuenta de lo que tienes al lado. Porque como leí no hace mucho, un verdadero caballero le da celos a otras de su novia, no a su novia de otras.
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