domingo, 5 de agosto de 2012

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Caos interior, eso es. Siempre igual. Año tras año. Emociones mezcladas, sentimientos contradictorios. Firme en cada desición que toma, pero no se entiende ni ella misma. ¿Qué que piensa de la vida? Te dirá una cosa diferente cada cinco minutos. Ella es así, no te miente, simplemente te dice lo que piensa en ese preciso instante. Es transparente, clara, concisa. Lleva tiempo tragándose los problemas, pero no le importa. Es como si así los desechara. Y cuando oye a alguien hablar de un problema que ella ya ha desechado, suelta su frase estrella, "¿por qué os complicáis? pasad de todo, yo lo hago".  Pero en bastantes ocasiones, se hacía la sorda para escuchar lo que iba a marcarla, la ciega para no ver lo que le iba a doler. Y cuando estaba sola, en su habitación, sin nadie que pudiera juzgarla, pisarla, machacarla, abría su cajón y sacaba uno a uno todos sus problemas, los ponía encima de su cama, los admiraba, sin alterarse, con tranquilidad. A menudo no podía evitar un par de lágrimas, de impotencia, de no querer hacer nada para mejorarlos, de saber que no pueden remediarse. Y cuando se había cansado de darle vueltas a las cosas, volvía a guardarlas cuidadosamente en el cajón. Sentía indiferencia hacia lo que ellos pensaban, era simple, iba y venía con el cajón a cuestas. A veces le pesaba, pero estaba acostumbrada, llevaba muchos años a su lado. Muchas veces se olvidaba de abrirlo, aunque siempre la acompañaba, no se acordaba de que estaba allí. Pero noches como hoy, miraba hacia un lado, y lo encontraba, lo abría, y comprendía, que era su fiel compañero, por mucho esfuerzo que tuviera que hacer año tras año para soportar como poco a poco, su peso iba en aumento.

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