sábado, 22 de octubre de 2011

Sacar el valor de donde sea.

¿Sabéis por qué me hice cura? Porque en el patio del colegio no paraba de recibir hostias y pensaba que así, pues yo podría repartir alguna. Con 12 años me declaré a Virginia, la chica más guapa de mi clase. Me acerqué a ella, con todo el valor del mundo, la miré y le dije: "Virginia soy Andrés, el chico que se sienta contigo desde preescolar, y me gustas". Cogió, y se encogió de hombros, así como diciendo, "tío lo siento, pero no me suenas de nada". Así que me metí a cura, haber tampoco es que tenga una relación directa, pero de alguna manera me dí cuenta de que no me estaba perdiendo nada. Desde entonces no he dudado que Dios me había elegido ni un solo día, me abracé a la fe con toda la fuerza del mundo, pero hoy he descubierto algo que tiene la misma fuerza. Estoy enamorado de ti Vilma. La miro a ella y ya no tengo vértigo, ni ganas de dar la comunión, ni confesar, ni nada. Fíjate, yo que pensaba que era el último cura del último barco del mundo, y al final resulta que solo soy un chaval enamorado, y no creo que nada pueda cambiar eso.

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