lunes, 5 de diciembre de 2011

Que querías formar parte de mi vida decías, venga ya.

He reído solo para hacer creer a la gente que soy feliz. He llorado hasta que se me agotasen las lágrimas. He perdonado lo imperdonable. He tenido, tengo y tendré a las mejores personas a mi lado. He querido como nadie. He sacado fuerzas de donde no las había. He tenido el valor de construir un futuro que sé que jamás se cumplirá. Me he comportado como una niña chica solo para que vieran que todavía hay algo de inmadurez dentro de mí. He sido el pañuelo de lágrimas de los que se han derrumbado, y en muchas ocasiones he sido yo la que se derrumbaba. He llamado por teléfono solo para que se acordaran de que existo. Me he hecho la sorda para no oír lo que no quería escuchar, y la ciega para no ver lo que sabía que me iba a doler. Me he tragado muchas veces el orgullo, para no perder a esas personas importantes. Me he guardado cientos de lágrimas para parecer fuerte y he fingido momentos de locura para hacer creer que todo sigue bien. Y hoy, he sido capaz de levantarme, mirar al frente y seguir adelante. ¿Por qué? Porque he aprendido que la vida se compone de momentos, buenos y malos, y la mejor manera de pasar los malos es sacar fuerza, valor, y una sonrisa, aunque sea la sonrisa más falsa del mundo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario