Si te apetece hablarle, háblale. Dile lo que quieras decirle, y haz en cada momento lo que te apetezca hacer. No pienses en el pasado, ni en el futuro, ni en lo que pueda pensar de ti, ni en tu orgullo de mujer, ni en quien habla primero a quien. Porque cuando haya pasado el tiempo, y las cosas, probablemente, hayan cambiado, quizás te des cuenta de que al final lo que menos importó es quien le hablaba primero a quien. O tal vez, te des cuenta de que ese orgullo, que tan fuerte te hacía, y del que tanto presumías, solo te sirvió para perder oportunidades, o a personas que realmente merecían la pena.

No hay comentarios:
Publicar un comentario