sábado, 29 de octubre de 2011

No te vistas que hoy no vas a la luna.

Últimamente he intentado no escuchar mucho a la gente. Intentar que, aunque sepa que tienen razón, lo que digan no me influya. Decidir por mi misma, y que si me tengo que caer, me caeré, y me levantaré y habré aprendido algo nuevo. Pero esta última semana me he parado a escuchar opiniones, de extraños, y de gente que me conoce, de gente que me quiere, y de gente para la que soy indiferente. Y poco a poco, lo he ido teniendo un poco más claro. Una de esas personas me dijo "¿de qué te sirven los momentos buenos si son eso, momentos? ¿si después estás mal hasta que llega otro momento de esos que te hacen sentir bien? ¿estas dispuesta a permitir que tu felicidad dure eso, lo que dura un estornudo? ¿realmente te merece la pena?" Al principio me saturé, más bien se podría decir que me agobie. Me chocó un poco que me soltaran de repente la realidad que yo había evitado, la verdad que yo no quería ver. Pero después lo pensé, y es así. No sé porque debo depender de lo que los demás hagan. Y por supuesto, que no me merece la pena dos momentos buenos acompañados de mil malos. Así que aquí estoy. Llevo un par de días con las cosas "claras", un tanto decidida, y un tanto esperando su llamada, firme en mi desición, en que he cojido el camino correcto. Pero lo siento, está aquí. Respiro hondo, lo más hondo que puedo, y su olor llega hasta el último punto de mí. Y justo aquí, solos su olor y yo dejo de tener las cosas tan claras

No hay comentarios:

Publicar un comentario